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HealthEl SALVAVIDAS EMOCIONAL DE LAS MASCOTAS.

Personas que viven solas y grupos familiares ya señalan en diversos estudios que la presencia de un animal en el hogar ha sido esencial para enfrentar el aislamiento y la ansiedad del encierro. Al mismo tiempo, en Chile y el resto del mundo las cuarentenas han desatado un notorio aumento en el interés por adoptar.

 

Gonzalo Oyanedel vive en un departamento de Santiago Centro junto a dos compañeros. Él se llama Gatolín y llegó hace cinco años a ese hogar, mientras que ella responde al nombre de Nébula, y se integró en 2017. “Macho y hembra. Fueron abandonados cuando eran pequeños y luego fueron recogidos. Él es rubio y ella es una calico, con pelaje blanco y manchas marrón-anaranjadas y negras”, cuenta el escritor de 45 años. En plena cuarentena, estos felinos lo han ayudado a soportar el encierro, ya que sólo “verlos moverse o jugar ayuda bastante a distraerse y ser paciente ante las circunstancias. Incluso cuando dificultan la tarea de hacer la cama, entretienen”. Además, confiesa, sus gatos fueron un soporte emocional cuando supo que un cercano suyo había fallecido por Covid-19: “Sólo se acurrucaron junto a mí, pero bastó con ese apoyo silencioso”.

Al igual que este autor, son muchas las personas y las familias en todo el mundo que han encontrado en sus mascotas un salvavidas para hacer frente a la ansiedad, el aislamiento y otras alteraciones ligadas al distanciamiento social. Es lo que revela un estudio publicado en junio por veterinarios de la Universidad de Barcelona, y en el cual se entrevistó a 1.300 personas que llevaban tres semanas de confinamiento. Tres de cuatro encuestados dijeron que la presencia de su perro o gato los había ayudado a superar el encierro.

 

Un efecto similar mostró un sondeo divulgado el mes pasado por Mars Petcare UK, empresa que maneja varias marcas de alimentos para felinos y canes en el Reino Unido: ocho de cada 10 personas dijeron que no habrían aguantado el encierro de no haber sido por sus mascotas. El 86% afirmó haber estrechado lazos con sus animales, mientras que el 63% incluso dijo que su perro o gato había sido una mejor compañía que sus propias parejas.

 

Darren Logan, genetista y director de investigación del Instituto Waltham –un centro de estudios científicos sobre el cuidado de las mascotas que depende de la compañía alimenticia británica-, comenta a Tendencias que hace dos años otro sondeo similar realizado en EE.UU. ya había dado indicios del efecto de la interacción humana-animal: “El 80% de los dueños señaló que sus mascotas los hacían sentir menos solos”. Las pistas sobre las raíces de este fenómeno aparecen en otros informes, como el presentado en 2015 por la Universidad de Azabu, en Japón: con sólo mirarse a los ojos, tanto las mascotas como sus amos experimentan un aumento explosivo en los niveles de oxitocina, también conocida como la “hormona del amor” y que se libera, por ejemplo, al acurrucarse con una pareja. También es esencial para promover el vínculo afectivo madre-hijo luego del parto.

 

El doctor Carlo Siracusa, profesor asociado de medicina clínica del comportamiento en la Escuela de Veterinaria de la Universidad de Pensilvania, explica a Tendencias que en muchos casos las mascotas ayudan a la gente a lidiar con su angustia: “Existen beneficios documentados en cuanto a la presión sanguínea y la liberación de hormonas ligadas al bienestar que se genera durante las interacciones. Hay una atracción innata que lleva a la gente a buscar contacto con los animales, lo cual se debe probablemente a nuestra naturaleza altamente social”. En este punto, Lauren Finka –experta en conducta animal de la Universidad Nottingham Trent, en Inglaterra- añade otro antecedente crucial para las familias que hoy viven confinadas: “Se cree que en los niños, tener una mascota se liga con una mayor empatía y cognición social”, comenta a Tendencias.

 

Esa es la experiencia que ha tenido la familia de Óscar Salas, editor de historietas del sello Dogitia. Su familia vive en una casa de Ñuñoa y está compuesta por él, su esposa y sus dos hijos, de 11 y siete años, además de una perra mestiza adoptada el año pasado: “Los niños le pusieron Minerva, en referencia a la profesora de Harry Potter, que siempre andaba de riguroso negro”. Durante el extenso aislamiento, dice este padre, la mascota ha sido “una hermana más, mucho más que un juguete. Es un personaje en sus rutinas, la humanizan, le asignan roles, la buscan para sentir responsabilidad por una parte y compañía por otra. Mi hijo mayor está en el espectro autista y para él las rutinas con su perrita son parte de la reafirmación y equilibrio que todo niño con TEA necesita para autorregularse”.

 

Óscar agrega que en el caso de su hijo mayor, “sus ‘diálogos repetitivos’, suerte de ecolalias con su perrita, le sirven para mejorar su ánimo y disposición día a día. Y para el más pequeño, jugar con la perra como si fueran dos cachorros, a empujones, mordiscos y aletazos, es un ejercicio divertido y estimulante”.

 

En este sentido, Darren Logan agrega que las investigaciones también muestran que la presencia de una mascota en el hogar podría potenciar habilidades que beneficiarán a los menores una vez que logren salir del confinamiento: “Los perros ayudan a los preadolescentes a lidiar mejor con el estrés. Los estudios muestran que los amos adolescentes tienden a funcionar de mejor manera en el plano emocional, ya que los animales les dan una sensación de propósito y los alientan a interactuar con otros, lo cual construye relaciones más sólidas”.

 

A nivel general, el concepto de “sensación de propósito” suele aparecer en los estudios sobre dueños y mascotas en pandemia: en el informe de Mars Petcare UK, el 30% de los entrevistados aseguró que los animales han provocado esa reacción durante el encierro. Gabriela Miranda, periodista de la Fundación Stuka –que promueve el bienestar animal y la adopción de mascotas en Chile-, comenta que ese efecto se genera porque un amo “sabe que tiene que pasear a su mascota, alimentarla y pasar tiempo con ella, lo que te obliga a tener una cierta rutina. Los animales no tienen idea si estamos o no pasando por una cuarentena, por lo que ellos seguirán con sus vidas normales. Pedirán a sus dueños que se levanten para sacarlos a hacer pipí o alimentarlos a su hora de costumbre, y a ellos no les importará si estás en una videollamada, trabajando o descansando en tu cama. Ellos necesitan esa estructura, lo que les permite a sus dueños también seguir una rutina diaria”.

 

En el caso de la familia de Óscar Salas, la perra no sólo le dio estructura a la rutina del encierro, sino que también se adaptó a los hábitos de sus amos: “El perro nos despertaba cada día a la misma hora, sin distinguir fines de semana. Pronto entendió que había dos días en que nos levantábamos más tarde y dejó de hacerlo en esos días. En su estructura de comportamiento, la perrita simplifica la cuarentena: hay que dormir, comer, trabajar, jugar y compartir al menos una vez al día, y siempre en los horarios que toca. Ella lo recuerda y lo requiere, y se adapta si aplica. En su simpleza de agenda nos relaja al resto. Sin ella no tendríamos constantes, sólo cuestionamientos”.

 

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